medicina egipto     Hoy se sabe que los sacerdotes y chamanes del antiguo Egipto conocían ya algunas técnicas y remedios médicos que no sabían los médicos de hace 50 años.

Sabemos que en el Egipto de hace 5000 años se conocían ya las propiedades curativas  presentes en los lodos del Nilo o excrementos de cocodrilo que actuaban como antibióticos naturales en la cicatrización de heridas o infecciones oculares.

Como llegaron a estos conocimientos podría ser mediante el método de ensayo/error en la elección y resultado de diversas substancias para diversas enfermedades, por chamanes concienzudos que a lo largo de varias generaciones acumulan un inmenso saber o bien,o con mente más abierta contemplar la posibilidad de que los egipcios supieran ya lo que buscaban y donde encontrarlo gracias a su observación del mundo natural, su profunda inteligencia y afinada percepción de lo sutil al poseer unas facultades intuitivas mucho mas desarrolladas y aceptar así la posibilidad de que Egipto tuviera conocimientos que nosotros no poseemos.

Como ejemplo los egipcios fabricaban un anticonceptivo moliendo una mezcla de semillas de acacia, miel y dátiles. Hoy se sabe que las semillas de acacia contienen ácido láctico, que actúa como espermaticida químico.

En el antiguo Egipto podía realizarse ya un test de embarazo, tomando una muestra de orina de la mujer y empapando con ella unas bolsas que contenían trigo y cebada. Si la mujer estaba embarazada, la orina aceleraba el crecimiento del trigo si el bebe iba a ser niño o de la cebada de ser niña.

Cuando viajaban en las caravanas, mascaban una raíz, ami-majos, porque encontraban que les protegía del sol. Hoy se sabe que dicha raíz contiene un activo compuesto químico que refuerza la pigmentación de la piel.

En el papiro quirúrgico de Smith, uno de los más antiguos encontrados, se alude a muchos conocimientos médicos nunca consignados por escrito, hecho que menciona Hipócrates 1000 años después y que probablemente se debería al celo de los sacerdotes y médicos en salvaguardar determinados conocimientos para los no iniciados.

En él, que ya se sabe iba dirigido a médicos formados, se describen 48 tipos distintos de lesiones en cabeza, rostro, cuello, tórax  y columna vertebral.

Se describe su aspecto, junto a los síntomas secundarios que pueden o no presentar, se recomiendan sus tratamientos o bien se diagnostican como incurables, todo ello con un profundo conocimiento de anatomía y fisiología reconocido por la medicina actual.

La medicina egipcia conocía perfectamente las conexiones entre cerebro, sistema nerviosos central y sus funciones e interacciones con el resto del cuerpo.

Más allá de sus conocimientos anatómicos, la civilización egipcia entendía al hombre como a un Todo y su conocimiento del organismo físico estaba íntimamente relacionado con su conocimiento de los reinos superiores de los que el organismo físico del hombre formaba parte, siguiendo los principios de jerarquía, ritmo y pauta presentes en toda la creación.

Entendían al hombre como una maqueta del universo, suma de los  principios que lo conforman y organizan, como producto en continuo autoperfeccionamiento del gran experimento de la vida.

Consideraban al cuerpo como al templo destinado a permitirle el rito de su perfeccionamiento, único objetivo humano legitimo.

En su visión, el hombre que se conoce a si mismo, también conocerá al universo. Todo se halla vinculado en un gran esquema dinámico y no se puede aislar ningún aspecto de otro, sin caer en la distorsión y en la destrucción.

El lenguaje empleado en los papiros médicos y su nomenclatura para distinguir las diversas partes del cuerpo, evidenciaba su capacidad para sugerir los vínculos íntimos entre microcosmos y macrocosmos.

Metafísicamente, la distintas partes del cuerpo, estaban consagradas a cada uno de los “Neters” (Principios Divinos), y esto significaba que la función simbolizada por el Neter se materializaba en esa parte del cuerpo y la propia estructura del lenguaje, estaba destinada a evocar en quienes lo utilizaban, la comprensión de dichas conexiones funcionales.

Así, la palabra designada para definir la parte más interna del conducto nasal era “Shtyt” término empleado para designar el rincón más secreto y sagrado del templo.

Este área se halla conectada con los nervios simpático y vago y cuando se la hace resonar con la letra M, cómo en el “OM” ayuda a alcanzar un estado de consciencia que transciende las realidades condicionadas de la experiencia sensorial, experiencia reconocida por diversas tradiciones iniciáticas.

En el lenguaje egipcio, los nombres de las cosas solían tener pistas de su relevancia interior. Así, la palabra “Ais” designaba la masa física del tejido cerebral, mientras la palabra “Sia” ( o sea, Ais al revés)designaba la conciencia. El lenguaje empleado servía tanto para definir la conexión como la distinción entre cerebro y conciencia, entendida esta como aspecto de la conciencia universal que el hombre precisa desarrollar para llevar a cabo la tarea a la que esta predestinado.

Finalmente no podemos olvidar el papel de la “magia” en la medicina egipcia a través de sus conjuros, muchos de los cuales aparecían incorporados en los textos de los papiros.

En uno de los papiros hallados que trataba únicamente de información quirúrgica, el papiro de Edwin Smith,se menciona un conjuro a pronunciar por el medico en una determinada lesión de cabeza. Schwaller de Lubick investigando la lógica de la aparición de este único conjuro en el papiro, descubrió que en este tipo de lesión era imprescindible que el paciente no se durmiera y perdiera la conciencia.

Los estudios de la medicina egipcia realizados por Schwaller de Lubick demuestran que la medicina egipcia tenía tanto de arte(magia) como de ciencia y los secretos de este arte de curar resultan hoy bastante inaccesibles a las mentes en exceso analíticas, pero siguen estando operativos para el que desee iniciarse en ellos.

Todo lo que aquí aparece escrito son pinceladas directamente extraídas del libro “La serpiente celeste” de John Anthony Webs (Los enigmas de la civilización egipcia).

He compartido los apuntes que me han parecido más relevantes para descontextualizar tiempo de conocimiento en relación a un arte medico que contemplaba al hombre como un Todo, reflejo de un macrocosmos superior, siempre en evolución y siempre vigente.

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